Aunque existe consenso de que el ejercicio físico beneficia la memoria, no está del todo claro cómo impacta en esa función cognitiva el tipo de ejercicio, su duración y el momento en que se realiza. Ahora investigadores del Conicet comprobaron que 25 minutos de ejercicio en bicicleta mejora la memoria espacial, informó la institución en su página web. Los resultados del trabajo se publicaron en la revista iScience.

“La memoria espacial, que registra información sobre el entorno y la ubicación de los objetos en él, se deteriora con el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer y otros males neurodegenerativos, por lo que es importante estudiar formas sencillas de mejorarla”, dijo Fabricio Ballarini, codirector del estudio. Pedro Bekinschtein, el otro director, indicó: “Nuestros resultados no solo abren caminos para mejorar el abordaje clínico de enfermedades neurodegenerativas sino también la posibilidad de una intervención simple no farmacológica para la caída natural de la memoria con el envejecimiento. Sin embargo, aún es necesario realizar más estudios para aplicar este conocimiento en la clínica”.

Experiencia inmersiva

Ballarini, Bekinschtein y sus colegas diseñaron un nuevo test de memoria espacial dentro de un entorno de realidad virtual para seres humanos que proporciona una mayor sensación de inmersión que las tareas realizadas con pantallas de computadora. Trabajaron con el grupo Media.Lab, del Instituto Pladema, que usa tecnología de realidad virtual para entrenamiento y otras áreas adyacentes desde hace más de 20 años. “Fue todo un desafío unificar criterios entre dos áreas tan disímiles como la biología y la tecnología, pero eso es lo interesante de la interdisciplina”, dijo Cristian García Bauza, director de Media.Lab.

El objetivo fue evaluar en 98 voluntarios el efecto de la actividad física en la consolidación y recuperación de la memoria espacial tras realizar una novedosa tarea de realidad virtual. Tras 25 minutos de bicicleta fija después del aprendizaje, las personas sedentarias se vieron beneficiadas a la hora de recordar la consigna.

Para Ballarini, uno de los puntos originales del trabajo es que la mayoría de las investigaciones están centradas en el impacto de la actividad física de quienes practican deportes de forma regular sobre la memoria espacial. En cambio, en este estudio, también se abordó el efecto de la actividad física aguda (la practicada por personas sedentarias) en ese tipo de memoria.

Bekinschtein remarcó las posibles aplicaciones tanto clínicas como en la vida cotidiana: “Si bien sabemos que la actividad física es muy beneficiosa para el mantenimiento y la mejora de muchos procesos cognitivos, este efecto requiere, en general, una frecuencia de ejercicio media o alta por un tiempo prolongado. En ocasiones las personas abandonan la actividad física frecuente. Nuestro trabajo muestra que un único período de ejercicio muy simple es beneficioso para una memoria que se acaba de adquirir. En el futuro, estos descubrimientos podrían utilizarse en la clínica y también para motivar a las personas a hacer actividad física para recordar mejor”.